Hasta el astuto y prudente arzobispo potosino don Luis Morales solicitó su intervención aduciendo infructuosamente la inocencia del sacerdote Contreras. Diferencias que, por cierto, quedaron zanjadas en la canasta de las limosnas al haber contribuido el mandatario con 5 millones 500 mil pesos para la obra del Carrillón de la catedral potosina...(Eduardo Martínez Benavente)
miércoles 30 de noviembre de 2011
Y PREMIARON LA MEMORIA (CRIMINAL) DEL CACIQUE
Jacobo Vázquez
Amparados en su ignorancia, intereses o cinismo, los diputados de la LIX Legislatura concedieron hoy post mortem la Presea Plan de San Luis a Carlos Jonguitud Barrios
Para vergüenza de los potosinos, premiaron la memoria del último cacique priista que gobernó la entidad de 1979 a 1985.
Lo que no podrán es limpiar en la historia el pasado de violencia (con muertos incluidos), de corrupción desmedida y de atropellos del “profesor y licenciado”.
Y no podrán porque las víctimas y los testimonios están ahí, a despecho de la historia oficial que quisieran endilgarnos algunos priistas nostálgicos del poder.
En su momento, la PGR recibió denuncias contra Elba Esther Gordillo y Carlos Jonguitud Barrios por desaparición y asesinato de maestros normalistas. (http://www.contralinea.com.mx/c12/html/portada/c12_fiscalia.html)
Tal aberración sólo fue posible con la complacencia de desmemoriados y convenencieros (“pragmáticos”, se dice hoy) legisladores del PAN.
El de Jonguitud Barrios fue para San Luis Potosí el tercero de los cacicazgos inscritos dentro de un largo y oscuro periodo de más de 70 años de autoritarismo priista.
Estos cacicazgos fueron el de Saturnino Cedillo (1927-1931), el de Gonzalo Natividad Santos (1943-1949) y el ya señalado de Carlos Jonguitud Barrios (1979-1985).
Los paréntesis indican los años que fungieron como gobernadores de San Luis Potosí, más no la prolongación de sus dominios que sobrepasaron las limitantes temporales de los sexenios.
Algunos dudan de que nuestro personaje haya sido un cacique.
No saben que en alguna medida lo fue en mayor grado que sus dos antecesores.
El suyo no se limitó a un poder autoritario cuya influencia logró imponer por seis años a presidentes municipales y diputados; que pisoteó garantías individuales de la ciudadanía cuantas veces quiso.
También consistió en un liderazgo autoritario, déspota, homicida en variadas y condenables circunstancias, que desplegó en todo el territorio nacional, escudado en la organización que con 700 mil afiliados era la más grande de América Latina.
Me refiero al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y a su porril, delincuencial, vandálica, corriente magisterial denominada “Vanguardia Revolucionaria”.
¿Fue entonces un cacique?
El diccionario nos da dos acepciones precisas al respecto: “persona que en una colectividad o grupo ejerce un poder abusivo”, y “persona que en un pueblo o comarca ejerce excesiva influencia en asuntos políticos”.
Sí, lo que la palabra designa es despreciable, pero embona a Jonguitud y su vida política truculenta, mafiosa.
Que lo tengan presente los diputados, ahora que deshonraron la Presea Plan de San Luis con tan indigno destinatario post mortem.
Mientras tanto, en la historia estarán registrados los maestros asesinados y los miles de mentores que vivieron con salarios de hambre y sufrieron agravios de uno y otro tipo bajo el charrismo sindical del ex gobernador.
Que la memoria no se pierda por el bien de la comunidad.
Premiaron la memoria (delictuosa) del cacique.
La historia no la podrán borrar.

