viernes 25 de noviembre de 2011

PINKY Y CEREBRO EN LA SECRETARIA DE CULTURA


Jacobo Vázquez


- ¿Qué vamos a hacer hoy, Dr. Cerebro?
- Lo mismo que hacemos todos los días, Pinky, tratar de conquistar el mundo



Apenas tiene una semana, pero al ahijado putativo de “Nuestro querido Dr. Toranzo”, ya no lo aguantan en la Secretaría de Cultura.

El gobierno no se tomó la molestia de sondear entre el personal de tal dependencia cuál era la percepción y el trato de José Arturo Castillo para con sus compañeros.

Ya tenía mala reputación en los pasillos de dicha Secretaría y también con los agentes externos que debía tratar como director de Festivales Internacionales.

Ahora, con el poder que le da ser “encargado del despacho”, sus síntomas de mal trato y prepotencia se han incrementado. No tiene ese extraño (para él) atributo denominado “don de gentes”. La diplomacia no se le da.

Ignoro que le esté susurrando al oído Marisela Moore, quien no sale de la Secretaría, pero al chico muy pronto le dio por creerse dueño del circo.

(¿Qué quién es Marisela Moore? ¡Qué pregunta!, pues la hermana de Laura Moore, la secretaria particular del gobernador)

Empeora las cosas el que no haya llegado solo a administrar el citado ente de la cultura, pues lo acompaña Juan Carlos Islas, quien era el subdirector, el segundo de Castillo, en la dirección de Festivales Internacionales.

A ambos personajes pareció haberles resultado natural dejar la dirección de Festivales a la buena del señor y trasladarse los dos al despacho del Secretario.

Así es como Castillo e Islas despachan a dúo, para molestia de quienes tienen que tratar algún asunto con el encargado de la Secretaría.

Ahora son conocidos como “Pinky” y “Cerebro”. Lo peor es que “Cerebro”, dicen quienes han tratado con la pareja de funcionarios, no es Castillo, sino Islas. ¬¬

Con esa su nueva mentalidad que estrena, un espíritu de triunfador, por supuesto, “Pinky” pronto se puso a exigir cuentas, tomar decisiones y solicitar informes.

Pero como Castillo es un Secretario putativo y no tiene el reconocimiento oficial de tal puesto, las cosas se le complican con el personal a su mando.

Unos se ponen rejegos y no lo obedecen, otros hacen como que le hacen caso y lo juzgan a lucas, mientras otros están nerviosos porque sus finanzas no son lo impolutas que ellos quisieran.

Tal es el caso de Carlos Reyes, titular de Comunicación Social del organismo, quien anda nerviosillo pues el manejo de dinero en esa dirección es probable que no resista una modesta auditoría

Y no es que Carlitos se esté robando el dinero, es más bien que el síndrome María Luisa Paulín asusta a cualquiera. Sea culto o no.

Como ustedes saben, todo este problema se generó por tres tontirijillas (en mi pueblo las llaman pendejadas) perpetradas desde el gobierno.

La primera: haber despedido a Fernando Carrillo. La segunda: nombrar a un ex delincuente (yo digo que ya se regeneró) en su lugar. Y la tercera: poner de encargado a un ahijado de poca simpatía.

Entre más se tarden en nombrar a un Secretario serio, formal, reconocido con el necesario nombramiento, más serán los daños de “Pinky y Cerebro” en la mencionada institución.

Laura Elena González, directora del Instituto Potosino de Bellas Artes (IPBA), ya les rechazó el cargo.

La poeta ¬-al menos eso nos informan- no quiso por ahora ir a ocupar un espacio al frente de un sector que se siente agraviado por el trato que se le dio a Fernando Carrillo.

Además de que Laura tiene también adversarios que cuestionarían su llegada, a los cuales debe sumar (cosas del amor) los de su compañero David Ojeda, solapado escritor horacista.

Capítulo aparte es el agravio y trato denigrante que tanto Fernando Carrillo como los otros funcionarios desplazados sufrieron por parte del Ejecutivo.

Por la mañana del día de su despido, ni Fernando Carrillo ni Jorge Daniel ni el contralor Anaya sabían que unas horas más tarde recibirían senda patada en salva sea la parte.

Y eso no está bien, pues los funcionarios son seres humanos y merecen respeto. Pero lo peor fue, nos aseguran, que no haya estado enterada de los cambios ni la doctora María Luisa Ramos, la esposa de nuestro querido gober.

Claro, ella no tenía por qué enterarse (eso es lo que no entienden algunos) pues ocupa el puesto de la presidencia del DIF, no la de jefa de gabinete o de secretaria particular.

Ojalá “Nuestro querido Dr. Toranzo” haya avanzado ya en el análisis de los curriculums, para que pueda decirles a “Pinky” y a su colega “Cerebro” que el sueño ha terminado, y que deben ir a conquistar el mundo a otro lugar.

En pasillos de gobierno del estado algunos descartan a Juan Carlos Machinena para tal puesto, dicen que Carlos es nada más como un “muñecote” maleable, útil para mensajes y encomiendas, no para ocupar el cargo.

Eso dicen ellos, yo, por supuesto, no estoy de acuerdo.

Juan Carlos tiene un gran mérito: haber descubierto que la placa conmemorativa de inscripción del Centro Histórico capitalino como Patrimonio Mundial de la Unesco, colocada en el Jardin de San Francisco, era de plástico o de algún otro material deleznable.

Comentan que se quedó platicando ahí cerca de dicho plástico conmemorativo, de tal forma que pudo ver cuando una impertinente niña tumbó una de las letras de la placa.

Comunicólogo que es por “tu palabra”, reportó la especie a Pulso y otros medios de igual o mayor prestigio.

¿Quién queda? Al nombre de César Porras, propuesto en 2009 por parte de la comunidad artística, junto con Fernando Carrillo, suman ahora el nombre de Armando Herrera Silva, sobrino del ex Fernando.

Herrera tuvo una larga trayectoria al interior de la Secretaría de Cultura, desde los tiempos de la gestión de Eudoro Fonseca Yerena.

Ahora trabaja en la Cámara de Diputados y que sea llamado a ocupar el puesto es incierto, las relaciones entre el ex Fernando y el actual gober precioso no son cercanas.

Aunque hay quien señala que Armando Herrera sería incluso un mejor prospecto que César Porras. “Polarizaría menos”, dicen.