Hasta el astuto y prudente arzobispo potosino don Luis Morales solicitó su intervención aduciendo infructuosamente la inocencia del sacerdote Contreras. Diferencias que, por cierto, quedaron zanjadas en la canasta de las limosnas al haber contribuido el mandatario con 5 millones 500 mil pesos para la obra del Carrillón de la catedral potosina...(Eduardo Martínez Benavente)
martes 29 de noviembre de 2011
A PINKY SE LO QUIEREN COMER LOS LEONES
Jacobo Vázquez
• Cerebro:-Ya no busques trabajo Pinky, nadie está contratando idiotas.
Cuando “Nuestro Querido Dr. Toranzo” nombró a su ahijado putativo como encargado de la Secretaría de Cultura no imaginó que a éste se lo iban a comer los leones.
Como en los buenos, entrañables tiempos del nepotismo, de la cercanía familiar del interfecto con Palacio partió la designación.
Fue en ese mismo momento que la simpatía o visto bueno de la comunidad cultural y artística para con el prospecto pasó a último término.
O, como dijo mi abuelo, que siempre está al pendiente de estos temas: “Ahí valió madres todo, mijo”.
¿Para qué preguntar su parecer a la comunidad artística y cultural si contamos con un ahijado?
Es una vieja y bonita costumbre de abolengo: el poder se reparte entre los familiares y los cuates. Los demás deben formarse a la repartición de las migajas.
El talento importa, pero para un mayor y más rápido progreso debe ir unido a la sumisión: no critiques y menos muerdas la consabida mano que…
Humíllate lo necesario, alaba a tus amigos en el gobierno, deja solos a los que caen en desgracia…
Si todo lo anterior te falla, entonces busca una ahijada y cásate con ella.
Aún hoy es posible que el clan familiar de palacio abrigue el hermoso sueño de convertir al esposo de la ahijada en Secretario de Cultura.
Es factible. Para ello sólo basta la sabia decisión que en su momento asuma el gober apreciado.
Difícil, no imposible, la posibilidad de que se nombre a José Pinky Secretario de Cultura. Y, claro, al Dr. Juan Carlos Cerebro como asesor en la conquista del mundo.
Si así lo decide “Nuestro Querido Dr. Toranzo Que Nunca Se Equivoca” debe al menos darle una ayudadita al ahijado.
Y que sea antes de que los leones se lo acaben de comer.
Nuestro mandatario no necesita que alguien le diga cómo se hacen las cosas. Sería una falta de respeto.
Pero con la debida humildad y venia del señor, le vamos sugerenciar algunas cosas.
PRIMERO: debe decirles a las directoras de organismos de la propia Secretaría de Cultura (Chenillo, Nuria y Laberíntica) que sean serias.
Me refiero a que estas señoras andan pagando desplegados a la prensa para impugnar al ahijado “putis” (diminutivo cariñoso de “putativo”).
Aunque nos informan que ellas sólo cooperaron y como son muy modestas y desinteresadas, pues no firmaron.
Así que el gobernador, un caballero, debe decirles con toda amabilidad que no sean tan cooperativas, y menos con recursos del estado.
Los hombres de Palacio deben hablar también con el resto de funcionarios de primer y segundo y tercer nivel de la Secretaría de Cultura.
Pedir a todos estos empleados de confianza que le den a Pinky y al Dr. Cerebro un voto de confianza en su empeño por la conquista del mundo.
Nuestro hombre en palacio también debe hacer un extrañamiento al sub Eduardo González Sierra, quien fue el encargado de dar nombramiento de encargado a Pinky.
La amonestación debe ser porque González Sierra pudo percibir en los momentos del nombramiento el silencio y tácito rechazo de los funcionarios de cultura.
Pero el Sr. González no fue para avisar al gober, ni para tratar de limar asperezas y poner curitas.
SEGUNDO: Gobierno debe hablar con quienes manejan los medios de comunicación para pedirles que por favor vean las bondades de Jose Arturo Pinky Castillo.
Es decir, que le tomen sus mejores ángulos, hasta hoy en la sombra.
Y TERCERO: nuestro médico en el poder debe pedirle al propio José Arturo que abandone esas ansias revanchistas.
Y es que José Arturo y el Dr. Cerebro que le acompaña dispusieron que se revisara la lista de los impugnadores de su nombramiento.
Esto con el fin de saber quiénes son los inconformes y qué beneficios han recibido de la citada Secretaría.
Eso no está bien, y le sugiero, querido Dr. Toranzo, que le diga a su advenedizo ahijado (ahijado a huevo) que la cosa es al revés.
Esa lista es necesaria, pero para invitarles a tales impugnadores un café y ver en qué se les puede ayudar.
Aunque, aquí entre nos, Sr. Gobernador, yo digo que para qué tomarse tantos trabajos.
Sólo despídalo y listo.
